Vivimos en la era del postureo, algo que me da una pereza máxima.

Tal vez sea el cansancio acumulado de estas últimas semanas lo que me genera tener menos aguante social, no lo sé.

Tampoco me hagas demasiado caso, a veces escupo aquí lo primero que se me pasa por la cabeza.

Hace unos meses, recibí un email de Andrés (el nombre no es real por eso de la protección de datos) en el cuál me contaba que a pesar de seguir al pie de la letra los consejos de varios «expertos» en marketing digital, no conseguía rentabilizar su proyecto en Internet.

A Andrés lo conozco desde hace tiempo y hemos compartido alguna que otra cerveza.

Me cae bastante bien, emprendedor, empresario y un culo inquieto.

En aquel momento no era uno de mis clientes, pero decidí ayudarle y echar un vistazo a su web de todas formas para averiguar de dónde podía venir el problema.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que su sitio web era un despropósito total: mal enfocado desde el inicio, sin objetivos y con tantas llamadas a la acción o CTA´s, tantas ventanas emergentes (pop-ups), tantos colores y tantas promesas escritas en mayúsculas que me sentí como si acabara de comerme un ácido.

Hacer algo porque alguien ha comentado en su blog que existe una fórmula (mentira) que asegura que hay que hacerlo, es una auténtica gilipollez.

No hay trucos, sólo trabajo duro y una pizca de sensatez.

Sería estupendo que las cosas se vendieran solas, ¿verdad?

Pues no.

Hay que hacer marketing, pero del bueno.

Marketing de ese que lleva tiempo y se basa en una estrategia bien definida basada en objetivos concretos.

Si crees que basta con:

  • Suscribirte al blog de moda.
  • Compartir un tweet con una lista de tareas (checklist si te gustan más los anglicismos).
  • Seguir un tutorial en YouTube.
  • O asistir a una conferencia online (webinar, video conference…, llámala como quieras) en la que aguantas una chapa infumable que al final no te servirá de nada salvo (y tengo mis dudas) que compres el curso que te ofrecen…

…entonces, querid@ lector@, deja que te diga unas cosa —te vas a dar una hostia igual o más grande que la de Andrés—.

No odio el marketing digital, todo lo contrario, me encanta, lo que pasa es que me he cansado de leer siempre lo mismo, ver las mismas webs (fotocopias unas de otras), los mismos mensajes llenos de palabrería, esas caras sonrientes en el Inicio de la página, opiniones (ctrl+c, ctrl+v) que huelen a chamusquina…

Este último año he coincidido con un par de influencers del marketing online con miles de followers en Twitter, esos que venden cursos resuelve vidas y mentorías de hasta 5 cifras, y ¿sabes qué?

He sentido vergüenza ajena.

Para mí, el marketing no tiene nada que ver con esto y no quiero que la persona que llega a mi web y no me conoce de nada pueda pensar —ya está aquí otro memo del marketing—.

El caso de Andrés me ha hecho pensar en la posibilidad de dejar de ofrecer mis servicios de marketing digital de forma general y prestárselo solamente a lxs que ya son mis clientes y no han dejado que la marea «vendehumil» se la meta doblada.

Esto último, lo aclaro.

No es que no quiera como cliente a alguien a quién han engañado y necesita ayuda, para nada, es sólo que muchas de esas personas llegan resabiadas y es un auténtico coñazo trabajar con alguien que no está dispuest@ a escuchar.

Reconocer que la has cagado, es una práctica en desuso, la falta de autocrítica un error.

Es más fácil echar balones fuera.

El marketing digital no es instalar un plugin en tu web, no es escribir artículos de 10.000 palabras en tu blog, no es regalar un E-book de 10 páginas a tus suscriptores y hablar de ti en 8.

No se trata sólo de vender, tienes que llamar la atención y conectar con tu cliente potencial, ser creativo, ser diferente…

Repito, SER DIFERENTE.

Después de analizar el proyecto de Andrés al completo: branding, comunicación, web, productos, servicios, público objetivo, atención al cliente…, y tomarme otra cerveza con él para explicarle dónde estaba el fallo, decidió dejar a su anterior proveedor y pasarse al lado oscuro.

Llevamos 1 2 3 4 5 6 7 meses trabajando juntos.

Su marca se ha posicionado en Internet para las principales palabras clave del negocio, hemos multiplicado x10 las visitas a la web y hace tiempo que se ha recuperado la inversión realizada en marketing y comunicación.

La infoxicación es un verdadero problema para alguien que trata de sacarse las castañas del fuego por si mismo.

Nuestro deber como profesionales es dar soluciones, derribar barreras y hacer que nuestros clientes ganen dinero, todo el que sea posible.

Todo lo demás es pura mierda y sólo persigue engordar una cuenta bancaria a costa de otros.

Eso tiene un nombre.

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