Vivimos en la era del postureo, algo que me da una pereza máxima.

Tal vez sea el cansancio acumulado de estas últimas semanas o la puñetera gripe lo que me genera tener menos aguante social, no lo sé.

Tampoco me hagas demasiado caso, tengo fiebre y ya sabes…, el enchufe de la habitación se aleja, tengo calor y frío al mismo tiempo y digo cosas sin pensarlas demasiado.

He dejado de ofrecer mis servicios de marketing digital en la web. Y feliz ¿eh?

Lo he meditado mucho.

Bueno, en realidad no tanto.

Me ha llevado como unos 20 minutos tomar la decisión.

Te cuento.

Ayer recibí un email de Andrés (el nombre no es real por eso de la protección de datos) en el cuál me contaba, que a pesar de seguir al pie de la letra los consejos de varios “expertos” en marketing online, no conseguía vender ningún servicio a través de su web.

Cómo soy un tío bastante majo, decidí echarle un vistazo a su página antes de contestar a su correo.

—”¿Pero qué cojo…?”—.

Era un despropósito total, había tantas llamadas a la acción (CTA´s para los gurús), tantas ventanas emergentes (pop-ups), tantos colores y tantas promesas escritas en mayúsculas que me sentí como Ralph en Internet.

Hacer algo porque alguien ha comentado en su blog que existe una fórmula (mentira) que asegura que hay que hacerlo, es una auténtica gilipollez.

No hay trucos, sólo trabajo duro.

Sería estupendo hacer lo que a uno le gusta y que las cosas se vendieran solas, ¿verdad?

Pues no.

Hay que hacer marketing, pero del bueno.

Si crees que basta con:

  • Suscribirte al blog de moda.
  • Compartir un tweet con una lista de tareas (checklist si te gustan más los anglicismos).
  • Seguir un tutorial en YouTube.
  • O asistir a una conferencia online (webinar, video conference…, llámala como quieras) en la que aguantas una chapa infumable que al final no te servirá de nada salvo (y tengo mis dudas) que compres el curso que te ofrecen…

…entonces, querid@ lector@, deja que te diga unas cosa —te vas a dar una hostia igual o más grande que la de mi amigo Andrés—.

No es que odie el marketing online, para nada, simplemente me he cansado de leer siempre lo mismo, ver las mismas webs (fotocopias unas de otras), los mismos mensajes llenos de palabrería, esas caras sonrientes en el Inicio de la página, opiniones (ctrl+c, ctrl+v) que huelen a chamusquina…

Este último año he coincidido con un par de influencers de marketing digital con miles de followers, esos que venden cursos resuelve vidas y mentorías de hasta 5 cifras, y ¿sabes qué?

He sentido vergüenza ajena.

Para mí, el marketing no tiene nada que ver con esto y no quiero que la persona que llega a mi web y no me conoce pueda pensar —ya está aquí otro memo del marketing—.

Por eso he dejado de ofrecer este servicio de forma general y desde hoy sólo se lo brindo a mis clientes, los que han confiado en mí y han demostrado ser lo suficientemente inteligentes para no dejar que el/la “vendehumos” de turno se la meta doblada.

El marketing digital no es instalar un plugin en tu web, no es escribir artículos de 10.000 palabras en tu blog, no es regalar un E-book de 10 páginas a tus suscriptores y hablar de ti en 8.

No se trata sólo de vender, tienes que llamar la atención, ser creativo y ser diferente.

Repito, SER DIFERENTE.

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